Desde el comienzo de los tiempos la humanidad ha mirado a su alrededor haciendo preguntas que no podía contestar:
¿Por qué sale el sol?, ¿Quién nos ha creado?, ¿Por qué algo es bueno o es malo?.
Cada cultura encontró sus propias explicaciones y a partir de ellas creó mitos que no solo servían como respuesta, sino que les mostraban quiénes eran y cómo debían actuar.
Nuestra cultura no ha sido diferente y nuestros mitos la manera en la que hoy entendemos el mundo, tiene un origen muy lejano.
Hace miles de años en los albores de nuestra civilización, los antiguos griegos crearon innumerables mitos y leyendas para dar sentido a aquello que sucedía a nuestro alrededor. Imaginaron hombres capaces de volar, dioses que manejaban a su antojo las fuerzas de la naturaleza, titanes que con simples figuras de barro dieron la vida a los seres humanos. Guerras tan crueles como solo un dios podía imaginar, monstruos que asolaban la tierra, héroes legendarios capaces de combatirlos y objetos donde era posible encerrar todos los males que los mortales hubieran conocido.
Muchas de esas historias se han perdido en el devenir de los tiempos, pero algunas de ellas han llegado hasta nuestros días convirtiéndose en los mejores ejemplos de lo que significa para nosotros la mitología.
Y aunque aquellas historias en la que los dioses eran responsables de todo aquello que ocurría en el universo, servían a la humanidad para comprender el mundo que les rodeaba. Los hombres no podían evitar sentirse desamparados ante aquellos seres todopoderosos que manejaban sus vidas a su antojo.
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